Quienes asesoran a Macri se equivocan cuando equiparan la crisis del 2015 a la del 2001

Economía 17 de marzo de 2018 Por
Camino a la Estabilidad...
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Decidí  escribir este post luego de pensarlo mucho. Me alarmó ver a Macri por televisión, diciendo en Formosa, que él evitó que al asumir su gobierno explotara una crisis como la del 2001. Me preocupó porque no puede haberse estado refiriendo a la crisis política del 2001, sino a la crisis financiera  que la mayoría de los economistas y prácticamente toda la clase política populista, atribuye equivocadamente, a la convertibilidad y a las reformas económicas de los 90s.

Y me preocupó porque la crisis que él heredó del Kirchnerismo, es exactamente la antítesis de la crisis financiera del 2001. Pero al mismo tiempo, si Macri no logra disminuir suficientemente el déficit fiscal en lo que resta de este año y del año próximo, quien tenga que gobernar a partir de 2020, incluso el mismo Macri, si es reelecto, va a tener que lidiar con una crisis muy parecida, e incluso más grave,  que la del 2001.

Y, lo que más me alarma, es que Duhalde ha dicho que él, o alguien como él, tendrá que aplicar en el 2020 la "solución" que "el piloto de tormentas autogeneradas", como lo llama Jorge Asis,  aplicó en el 2002.

Primero voy a explicar porqué la crisis del 2015 era de naturaleza opuesta a la del 2001. Me voy a detener en este punto, porque quien le ha recomendado a Macri hacer esta declaración, en la lógica comunicacional de diferenciarlo de los 90s, le puede terminar causando un gran daño a su gobierno.

La crisis del 2015, heredada por el gobierno de Macri, se parece mucho a la crisis de 1974-mayo de 1975, que terminó explotando en el Rodrigazo, o a la crisis de 1988-abril 1989 que terminó explotando en la hiperinflación de 1989 y 1990. En todo caso, el mérito que Macri puede reclamar es el de haber evitado una explosión inflacionaria como la de 1975 o la de 1989. La génesis de estas dos crisis (como de la que Perón pudo manejar con menos consecuencias explosivas inmediatas en 1949, al final de la experiencia ultra-populista de los años en que Miranda era el zar de la economía), fue el aumento exagerado del gasto público, con déficit fiscal financiado con emisión y con inflación reprimida por controles de precios, controles de cambio y atrasos tarifarios.

Una característica crucial de las crisis de 1949, 1975 y 1989 tenía que ver con la economía real (no financiera). Se trataba de una economía cerrada que había acumulado cuellos de botella en los sectores de infraestructura por falta de inversión, en cuyos mercados de bienes y servicios el gobierno intervenía discresionalmente, con controles de precios, subsidios e impuestos distorsivos. Había controles de cambio y una gran brecha en la cotización del mercado paralelo y el mercado oficial. Por supuesto, el nivel del gasto público como porcentaje del PBI y los déficits fiscales primarios, eran enormes. Fueron crisis fiscales e inflacionarias con una gran cantidad de cuellos de botella y distorsiones creadas por el intervencionismo estatal discresional.

La crisis del 2001 fue diferente. Estuvo precedida por 10 años de estabilidad de precios, sin ningún tipo de control de cambios ni de precios, y con una economía totalmente abierta. sin ningún tipo de cuello de botella en sectores de infraestructura, sino todo lo contrario, con una economía con amplia capacidad instalada en todos los sectores. Con un nivel de gasto público como porcentaje del producto mucho más bajo que en las crisis anteriores y con un déficit fiscal primario que, en el peor momento, no excedió del 1% del PBI. Existió una crisis fiscal, pero originada no en un aumento desmedido del gasto público primario, sino en el endeudamiento de la Nación, que comenzó en 1995 por la crisis Tequila, pero que se acentuó entre 1997 y 1999 a pesar de que la economía se recuperó muy bien de aquella crisis.  Y, sobre todo, por el endeudamiento muy imprudente de las provincias con el sistema bancario local, entre 1997 y 2001, con garantía de coparticipación federal de impuestos y a tasas flotantes, BADLAR mas 700 puntos básicos.

Se trató de una crisis deflacionaria, porque la fortaleza que tenía el Dólar en aquella época provocó también una fuerte apreciación del Peso en un momento de fuerte caída de los precios de exportación de los productos argentinos. A la convertibilidad con tipo de cambio fijo se le puede achacar la responsabilidad por la deflación, pero no por la crisis financiera.

La crisis financiera, que es el tipo de crisis que se tornó muy complicada en 2001, tuvo su origen en el endeudamiento excesivo, a altas tasas reales de interés, especialmente las pagadas por las provincias al sistema bancario local. Obviamente, la única solución razonable para esta crisis era dejar flotar el Peso sin abandonar la convertibilidad (es decir sin pesificar compulsivamente los depósitos y préstamos en dólares) luego de reestructurar ordenadamente los pasivos para reducir la factura de intereses de la Nación y de las provincias y remover todos los vencimientos a corto plazo de la deuda pública, de tal forma que la depreciación del Peso, que seguiría a la libre flotación y que era necesaria para sacar al país de la deflación, no agravara la crisis financiera.

Lamentablemente, esta solución, que estaba en marcha en diciembre de 2001, fue interrumpida por el golpe institucional que removió a De la Rúa y la "solucion" que la Union Industrial de entonces, liderada por De Mendiguren, le vendió a Duhalde, provocó el agravamiento mayúsculo de la crisis en 2002, abriendo la puerta nuevamente a la inflación y al populismo. Esta vuelta al populismo aislacionista, llegó a su máxima expresión con Cristina Kirchner y Kicillof luego de varios años en los que el boom de la soja y otros productos de exportación, permitieran esconder la basura debajo de la alfombra.

Quienes asesoran a Macri en materia de comunicación y le ayudan a armar su discurso económico hacen muy mal en no advertir la naturaleza del peligro que enfrentaron al final de 2015 y en confundir a la gente diciendo que evitaron una crisis como la del 2001. Este error puede llegar a ser fatal. Aún haciendo un buen manejo económico en lo que respecta a remover controles ineficientes, unificar el mercado cambiario, atualizar las tarifas y reducir los subsidios a las empresas prestadoras, tratar de conseguir e incluso conseguir inversiones en sectores de infraestructura para eliminar cuellos de botella, si no logran bajar el gasto público, eliminar impuestos distorsivos y reducir significativamente el déficit fiscal,  pueden terminar en una crisis financiera peor que la del 2001.

Este riesgo existe porque el control de la emisión monetaria y las altas tasas reales de interés que necesitarán aplicar para luchar contra la inflación, pueden generar en dos o tres años una crisis financiera como la del 2001, que además estará agravada por no haberse resuelto totalmente la inercia inflacionaria provocada por la crisis fiscal e inflacionaria heredada del gobierno de los Kirchner.

Los políticos a los que le interesa gobernar luego de crisis financieras que permiten echarle la culpa al gobierno anterior de las medidas violatorias de todos los derechos de propiedad que ellos se deleitan en adoptar (default, tanto de la deuda externa como de la deuda interna), como ocurrió en 2002, se entusiasman con al idea de que ellos pueden llegar al gobierno a fines del año próximo.

Es una pena que los economistas profesionales, muy bien formados, que integran el gobierno, tengan la ilusión que el tipo de cambio flotante es el reaseguro de que no se producirá una crisis financiera como la del 2001. Ellos, hasta hace muy poco, creían que la apreciación exagerada del peso en términos reales era siempre fruto del tipo de cambio fijo. Ahora, que se han dado cuenta que altos déficits fiscales combinados con política monetaria restrictiva provocan apreciación real del Peso, incluso mayor y más tempranas que en épocas de tipo de cambio fijo, deberían advertir que el tipo de cambio flotante no los va a vacunar contra una crisis financiera.

Tendrían que advertir que Estados Unidos, que tiene el más flotante de todos los regímenes cambiarios imaginables, sufrió en 2008 una enorme crisis financiera, incluso más grave que la de Argentina en el 2001, debido a los préstamos imprudentes que se dieron a quienes se endeudaban con hipotecas sobre sus viviendas, que luego no iban a poder pagar. La hipotecas sub-prime de los bancos estadounidenses fueron el equivalente a los préstamos a las provincias de los bancos argentinos entre 1997 y 2001.

Todas las crisis financieras suceden porque aumenta imprudentemente el endeudamiento, público o privado, a tasas reales de interés demasiado elevadas. El régimen cambiario tiene poco que ver con las crisis financieras. Si tiene que ver con las explosiones inflacionarias que siguen a las crisis financieras, porque cuando llega un régimen populista, la tentación de emitir dinero descontroladamente para resolver cualquier tipo de crisis es muy alta.